Soberanía portuguesa

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La anexión de Olivenza por el Tratado de Alcañices supuso la revalorización estratégica de sus tierras, en oposición directa e inmediata al hinterland de Badajoz. A partir de 1297, Badajoz intentará arrancarse de su flanco sur la espina de Olivenza en cuantas ocasiones se le presenten. Olivenza, por su parte, irá acrecentando de forma progresiva sus defensas, asi en las épocas de paz como en las de guerra. De ahí que la historia de la Olivenza portuguesa equivalga, en buena medida, a la historia de sus fortificaciones.

En 1306 D. Dinis levanta la primera muralla, un cuadrilátero con 14 torres. Su sucesor, D. Afonso IV, las completa en 1335 erigiendo en su interior el recinto del alcázar y la torre del homenaje, la más alta de toda la frontera (35 m.) A lo alto de aquel ojo, siempre vigilante sobre Badajoz, se accedía mediante 17 rampas que permitirían la instalación en su terraza de una pieza artillera.

En las guerras fernandinas del último tercio del s. XIV Olivenza hizo frente al conflicto cercando sus arrabales con una nueva muralla de forma oval y con cinco puertas. No han quedado restos materiales de esta segunda muralla porque fue demolida íntegramente, pero su huella pervive de forma inequívoca en la estructura urbana.

En 1488 D. João II rodeó el recinto del alcázar con un foso inundable y torreones artillados, a modo de baluartes. Esta obra, en una época de paz con Castilla, suscitó el lógico recelo de los Reyes Católicos, que no pudieron impedir su terminación. Nuevas obras defensivas se llevan a cabo en los primeros años del reinado de D. Manuel. La barreyra fernandina es derribada por Afonso Mendes de Oliveira para construir, con parte de sus piedras, una tercera muralla de la que nos dejó el siguiente testimonio gráfico Duarte de Armas en 1509:

El rey D. Manuel fue también el impulsor de una importante obra de ingeniería militar: la construcción de un puente fortificado sobre el Guadiana para asegurar la operatividad de las tropas portuguesas en la margen izquierda. El puente de Ajuda tenía 380 m. de longitud y 5’5 de anchura, 19 arcos y una gran torre defensiva central de tres pisos. Todo Portugal contribuyó a su construcción…menos los oliventinos.

La importancia estratégica y militar que Olivenza tenía para la Corona portuguesa se acrecentó al convertirse en sede episcopal del Obispado de Ceuta. La residencia en Olivenza del obispo Fray Henrique de Coimbra, compañero de Cabral en el descubrimiento del Brasil, propició la construcción del bellísimo templo manuelino de Santa María Magdalena, réplica monumental del Convento de Jesús de Setúbal. Otras notables construcciones de la época fueron el Convento de San Francisco, la Casa de Misericordia, el portal manuelino de las Casas da Câmara o, realizaciones ya más tardías, el convento de clarisas y la nueva iglesia matriz de Santa María del Castillo.

Tras el ciclo de paz que hace posible la Unión Ibérica en el que florece la edilicia religiosa, Olivenza entra con la Restauración de 1640 en un nuevo ciclo bélico. Las piedras de la muralla manuelina se reaprovechan, una vez más, para dar forma a una cuarta muralla que cuenta con nueve baluartes. Conquistada en 1657 por el Duque de San Germán – después de cuatro tentativas frustradas – fue devuelta a Portugal al firmarse el Tratado de Lisboa de 1668.

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El paréntesis de paz que sigue a este tratado se aprovecha para reconstruir las murallas y el puente de Ajuda, cuyos arcos centrales son dinamitados el año 1709 en el transcurso de una nueva guerra, la de Sucesión a la Corona española. La militarización del espacio urbano oliventino se incrementa durante la primera mitad del s. XVIII con obras tan significativas como los cuarteles de caballería e infantería, el llamado Cuartel del Asiento (Panadería del Rey), el polvorín de Santa Bárbara, el Hospital Militar de San Juan de Dios, las puertas del Calvario, los revellines y demás obras exteriores de la fortificación.

En la segunda mitad de ese mismo siglo XVIII, sin embargo, Portugal redefine la orientación de su política militar frente a España. De una estrategia de inspiración ofensiva se pasará a otra puramente defensiva. Este cambio de orientación tendrá importantes consecuencias para el enclave portugués de Olivenza. Todos los informes de los estrategas extranjeros que la visitan en esos años a petición de la Corona (Rainsford, Valleré, el Príncipe de Waldeck, Myremont) aconsejan su abandono por tres motivos:

1º) La numerosa artillería, munición, equipos y hombres necesarios para mantener en estado de defensa una plaza con nueve baluartes – Badajoz tenía ocho.-
2º) La interrupción logística que para el enclave suponía la voladura del Puente de Ajuda.
3º) La comprometida situación en que se vería envuelto el ejército que pretendiera auxiliarla, con su única línea de retirada cortada por la corriente del Guadiana.
(Véase al respecto VICENTE, António Pedro.- Manuscritos do Arquivo Histórico de Vincennes referentes a Portugal. París : Fundação Calouste Gulbenkian , 1971. Vol. I y, del mismo autor, Memórias políticas,geográficas e militares de Portugal : 1762-1796. Lisboa :[s.n.], 1971.)

No tiene nada de extraño, pues, que en la nueva crisis bélica que estalla al apuntar el nuevo siglo (Guerra de las Naranjas), Olivenza fuera por completo abandonada a su suerte. El Gobernador de entonces, Julio César Augusto Chermont, prohibió se disparara un solo cartucho contra las tropas de Manuel Godoy. Olivenza no valía ya la vida de un solo soldado portugués. Después de cinco siglos ocupando una posición insostenible, cayó ingloriosamente como fruta madura ante la sola presencia del ejército español.

Artículo III del Tratado de Badajoz de 1801: ” Su Magestad Católica conservará en calidad de conquista, para unirlo perpetuamente a sus dominios y vasallos, la plaza de Olivenza, su territorio y pueblos desde el Guadiana ; de suerte que este río sea el límite de sus respectivos Reinos.”

Después de cinco siglos por delante del río Guadiana, Olivenza regresó a sus orígenes. En 1801, podríamos decir, la Historia se reconcilió con la Geografía, tal y como había previsto Alfonso X el Sabio en la Convención de Badajoz del año 1267. La frontera natural volvió a ser una con la frontera política.

Española de hecho y de derecho en virtud del Artº III del Tratado de Badajoz, Olivenza se mantiene todavía hoy para una exigua minoría de portugueses como una reclamación histórica y jurídica frente a España. Esta circunstancia obliga a esclarecer los fundamentos legales de la soberanía española, las razones de España sobre Olivenza.

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