TURISMO

MUSEO ETNOGRÁFICO EXTREMEÑO GONZÁLEZ SANTANA

 

 El Museo Etnográfico González Santana de Olivenza constituye una gozosa excepción en el panorama de abandono y expolio a que ha sido sometida la cultura rural tradicional. Y ello porque este pueblo tuvo la suerte de contar con un coleccionista de fina sensibilidad y agudo olfato que evitó lo que hubieran sido pérdidas irreparables: Francisco González Santana. Huroneador impenitente de trasteros y desvanes, enamorado de la belleza y dignidad que nos transmite el objeto caído en desuso, ya roto o inservible (o quizás precisamente por eso...),una gran parte de las piezas que se exhiben en el Museo hoy se deben a su diligencia de ayer. Conocida su aficción por el pueblo, fue el mismo pueblo quien, de manera instintiva y espontánea, acabó canalizando hacia su persona todo ese patrimonio que, de otra manera, se hubiera perdido para siempre. Ese es todo el secreto de la creación del Museo de Olivenza: una afición personal, cultivada en el tiempo con amor y constancia, que un día pudo dejar de ser puramente privada y adquirir nueva dimensión pública gracias a la generosidad y voluntad de todo un pueblo. El Museo Etnográfico de Olivenza ostenta por eso, y con toda justicia, el nombre de su creador, a quien se le otorgó por tal motivo la Medalla de Oro de Extremadura en 1991. Pero, como suele ocurrir, detrás de toda gran obra individual hay siempre también un gran esfuerzo colectivo.

El embrión del Museo fue una pequeña exposición etnográfica celebrada en 1980 con motivo de la IV Semana de Extremadura en la Escuela. Eran años, recién recuperada la Democracia, en que la joven Comunidad Autónoma necesitaba buscarse a sí misma y reafirmar su identidad recopilando y exponiendo aquello que de forma más inmediata nos brinda las señas de identidad de un pueblo: su cultura material - siempre algo más que "materia".- Aquella exposición se clausuró con el evento que le sirvió de origen. Pero el precedente ya estaba creado. Y así, dos años después, en 1982, la idea del Museo afloraba de nuevo gracias al decisivo apoyo que le prestó desde la Alcaldía Ramón Rocha Maqueda, a quien debemos considerar como segundo padre del Museo González Santana.

El reto de Ramón Rocha Maqueda al apostar por un Museo Etnográfico para Olivenza fue ubicarlo en un lugar maldito: la recién abandonada cárcel del partido judicial de Olivenza, instalada en el recinto del alcázar desde 1866. Hoy entramos allí con la mayor naturalidad, paseamos por sus dependencias, disfrutamos la paz de su patio de armas o subimos - si tenemos fuerzas...- a lo alto de la Torre, en busca de aire puro y hermosas vistas. Pero en 1982 permanecían vivos aún los recuerdos y las dolorosas experiencias personales sufridas por muchos oliventinos. Los fantasmas de la guerra civil eran todavía dueños de aquellos muros, de aquellas dobles rejas de hierro y aquellas puertas con mirillas. Ubicar precisamente allí un Museo Etnográfico Municipal era condenarlo al fracaso en el momento mismo de su nacimiento. O redimir definitivamente a un inmueble de su pasado de oprobio. Esa fue la apuesta, hoy ya casi olvidada. Y ése fue el triunfo.

Ocho años después, en 1991, el Museo duplicaba su espacio absorbiendo el edificio de la anexa Panadería del Rey. La ceremonia de inauguración de las nuevas dependencias contó con una protagonista excepcional: Dª Marcelina Casado. A sus 82 años, fue ella la encargada de descorrer la cortinilla de la clásica placa conmemorativa. Cincuenta años antes había estado detenida en aquel mismo lugar, con un niño recién nacido que se crió entre rejas y que ese día le acompañaba... Resucitaba una memoria donde se borraban otras...

A partir de 1991 las visitas al Museo Municipal de Olivenza crecieron de forma espectacular. Con salas nuevas dedicadas a la Arqueología (donación Margarita Navarrete) y al Arte Sacro (fondos cedidos por la Parroquia), la personalidad del Museo seguía descansando básicamente en la colección etnográfica. ¡Ah, y en el original criterio elegido para la exposición de las piezas! Nada de frías y distantes vitrinas donde los objetos aparecen disecados como si fueran insectos. La mano que guardó y recopiló supo también infundirles un aliento de vida, tratando de situar a cada uno en su contexto, creando con todos ellos cuadros vivos, casi animados, que nos subyugan por la armonía de su composición y la belleza de su plástica. En el interior del Museo de Olivenza, el visitante experimenta el sortilegio mágico de retroceder al Pasado viéndose envuelto en la atmósfera cálida de los diversos ambientes y escenarios, reconstituidos a veces hasta en sus más mínimos detalles. La visita al Museo de Olivenza es como un viaje en el Tiempo a través de veinte salas donde se exponen más de 8.000 piezas que hablan casi por si solas.

El Museo dio sus primeros pasos en 1980. En sus inicios fue simple comisión de voluntarios entusiastas. Luego, el Patronato Municipal, ya con sus Estatutos. A partir de 1991, con la ampliación a la Panadería del Rey, las visitas por miles. Y con las visitas, nuevas necesidades: económicas, de personal, de servicios... En 1997 hubo de perder su carácter municipal para pasar a ser regido por un Consorcio integrado por Junta de Extremadura, Caja Badajoz, Diputación Provincial y Ayuntamiento de Olivenza. Tal vez no sea ésta la última metamorfosis institucional que experimente. En estos momentos el de Olivenza es el tercer museo más visitado de toda la Comunidad Autónoma de Extremadura, después de los de Mérida y Cáceres, con una media de 50.000 visitantes al año. Turistas en su mayoría, procedentes de los más diversos puntos.

"¡ Todo precioso, muy bonito, todo precioso...!".

Esta es la opinión sincera y de veras entusiasta que plasman, con rara unanimidad, en las páginas del Libro de Visitas. Tras este camino recorrido, ¿podemos sentirnos satisfechos o, por el contrario, inquietos?

El abuelo que labró la tierra en su juventud casi con el mismo arado que utilizaron los romanos hace veinte siglos puede contemplar hoy al nieto, absorto ante una pantalla, tecleando el último videojuego de guerra intergaláctica. Renunciemos, desde luego, a enseñarle a navegar al abuelo en los mares, siempre excesivos, de Internet. A lo que no debemos renunciar es a saber cuántos sudores les costó a ellos arrancarle a la tierra el pan que hoy con menos esfuerzo - es un decir... - nosotros nos llevamos a la boca. Esa fue la intima razón de ser que justificó en su día la creación del Museo Etnográfico de Olivenza, su por qué y su para qué. Un espejo, un punto de comparación con el Ayer en el que apoyarnos para provocar una reflexión crítica sobre el presente ; una lección natural, espontánea, de sociología, apoyada en la estética; un puente entre dos generaciones; un tributo de merecido homenaje al tesón y anónima laboriosidad de nuestros mayores; un gigantesco puzzle de diez mil piezas que evitara la solución de continuidad impuesta por el vértigo con que hemos pasado de la vieja criada avivando con el soplillo las brasas de carbón al microondas y la domótica ( que le dicen...)

Los objetos, a diferencia de las palabras, no engañan, no pueden mentir. Es cierto, por eso, que un Museo Etnográfico constituye el más fehaciente de los documentos donde estudiar la vida de un pueblo. Pero de éxito también se muere...¿ No estaremos distorsionando el significado de los objetos por el simple hecho de musealizarlos, aún preservándolos en sus respectivos contextos? ¿No estaremos contribuyendo, también nosotros, a banalizar y convertir en espectáculo, en fetiche, por la vía de la sublimación esteticista, lo que fueron las señas de identidad de unos Hombres, de un Tiempo y de una Cultura?

La Modernidad todo lo engulle, todo lo convierte en escaparate, en souvenir, en consumo, todo lo recicla. Debemos mantenernos alerta. Y sobre todo aprender a leer entre líneas, a mirar con respeto. Al que tuvo que ponerse detrás de dos bestias agarrado con todas sus fuerzas a la mancera para labrar la tierra (lo más probable además es que ni siquiera fuera suya...) no podemos venirle ahora diciendo lo bonito que es un arado.

Luis Alfonso Limpo Píriz
Ex-Director


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