Iglesia de Santa María del Castillo

El actual templo fue construido sobre el lugar donde estuvo la primera iglesia oliventina, del siglo XIII. La actual es obra de André d’Arenas, como consta en una inscripción de su torre, siendo construida entre 1584 y 1627.

Exterior: La torre-fachada es de sillería, dividida en tres cuerpos, a cuyos pies destaca la portada de la Iglesia realizada con vano de medio punto, presentando su clave un relieve en hoja de acanto, flanqueada por columnas del género dórico romano con festones en la parte superior del fuste. Las mismas tienen como base un paralelepípedo donde resalta, en su cara frontal, un águila bicéfala sobre una esfera terrestre. Sobre las columnas sobresale un entablamento en cuyos extremos, y en la misma vertical de las columnas, se abren sendas hornacinas vacías. Por encima de la puerta destaca el gran rosetón abocinado del coro que reproduce en su parte superior el motivo de la clave de la puerta. Más arriba una nueva cornisa exterioriza la separación del segundo y tercer cuerpo. En el tercero, de menos altura, se abre un ventanal rematado en segmento de círculo. La parte superior se remata por el campanario que presenta dos aberturas con arco de medio punto en cada cara. A mediados del siglo XIX se adornaron las esquinas superiores con cerámica oliventina del maestro José Carapeto.

Interior: La visión general de la traza interior de este templo muestra factura de un renacimiento tardío y presenta las características de las denominadas «iglesias-salón» por disponer sus tres naves a la misma altura. Contrastan con la sencillez tardorrenacentista de su traza general los añadidos posteriores de azulejería y retablos.

En cuanto a los azulejos, existen paneles del XVII, donde predomina el tipo «maçaroca», en las naves laterales. En el altar mayor puede observarse azulejería historiada (S. XVIII) reproduciendo motivos de Josué: la toma de Jericó y la Defensa de Gabaón.

La retablística ofrece en este templo ejemplos magníficos, entre los que cabe destacar el barroco de talla dorada (1723) característico del reinado de D. João V y el espectacular Árbol de Jessé, el mayor que se conserva de los que aún quedan. Se trata del más sorprendente retablo de Olivenza. En madera tallada y policromada se representa el árbol genealógico de María y Jesús con una altura de 10,29m, motivo inspirado en la profecía de Isaías: «brotará un retoño del tronco de Jessé», conocido en la Historia del Arte desde el siglo XII, abandonado en Europa como consecuencia de la Reforma y retomado en la península ibérica con más fuerza durante la contrarreforma. Bajo sus raíces descansa Jessé, el padre de David. De él, parte un tronco robusto con seis ramas sobre las que aparecen las figuras, en este caso no identificadas, de doce reyes de la casa de Judá. El árbol se remata con una mandorla que encierra la imagen de María y el Niño. Si la fecha y firma que aparecen en su base, «Reno 1774», corresponden a su ejecución, se trataría de uno de los ejemplares tardíos, pues las fechas de florecimiento de este tipo de retablo corresponden a finales del XVI y principios del XVII.